Robert Max Steenkist

23 de noviembre

 

So sind wir...

 

Envío postales a los que más quiero y que, por una u otra razón, se encuentran lejos. Esta mañana mi legendario amigo Jan Finck, residente en Alemania desde el milenio pasado, me contó que por fin había llegado a sus manos una que envié hace, por lo menos, cuatro semanas. "Son pocas cartas (que no sean de cobro) las que se reciben en esta era de Internet", me escribió.

 

Este mensaje nos permitió retomar muchas conversaciones que habíamos dejado inconclusas. Pasamos de comentar algunos gestos anacrónicos que ambos adoramos (las postales siguen siendo aún más especiales que los LP o los espías) a retomar nuevos proyectos que habíamos creado en la última conversación: conciertos para recaudar fondos para poblaciones vulnerables, viajes a los próximos Carnavales de Barranquilla,  exposiciones de fotos tomadas por los niños de Barú, expediciones en kayaks por el río más triste y hermoso del planeta Tierra...

 

Yo había oído de la campaña Run for Others en Sonne für Dich. Soy un admirador de Jan Lohrengel (aunque tal vez mi alemán no dé para escribir tan bien como él) y no dudé en expresárselo a mi amigo. Correr, dice él en su primera entrada, siempre ha sido por otros: Fidípides corrió la primera marathón también por una buena causa. Le conté a Jan que iba a correr la Marathon de Austin en febrero del 2011 y que quería hacerme una camiseta con el logo de esta adorable fundación con el fin de hacerla conocer entre los corredores de Estados Unidos. 

 

Entonces me dijo que había un blog. Y que a través del blog la gente podía donar plata para que Sonne für Dich y Un Techo para mi País construyeran una casa para una familia que estuviera pasado por necesidades apremiantes. Y, que si quería, este espacio quedaba a mi disposición.

 

Todo esto coincide con un momento muy especial de mi vida. Mi esposa y yo batallamos todos los días en contra de un cáncer que decidió instalarse en su seno pocos meses después de nuestro matrimonio, escribo mi segundo libro de poesía, adelanto proyecto para incrementar el turismo en los ríos de Colombia, dicto clases en la Universidad de los Andes, trabajo en el Colegio José Max León, hago proyectos de fotografías, hago traducciones con mi padre, tengo un cultivo de moras. Aparte de la salud de Carolina, las demás actividades cambian su posición en la lista de prioridades. Pero debo sumarle una más: entrenar día tras día para que una familia pueda contar con una casa nueva.   

 

Asi somos. Jan y yo nos parecemos en eso: vamos diciendo y haciendo. Somos los de los caprichos que se nos meten en la cabeza y no nos dejan dormir. Empezamos hablando con el corazón y terminamos haciendo proyectos para sacarnos la espinita. He terminado enredado en esta maravillosa iniciativa gracias a que Jan conoce mi compromiso y confía en mí. Como dice una canción que ambos conocemos (desde el colegio compartimos el gusto por lo políticamente incorrecto): So sind wir, und das ist unser Leben...

 

Mañana empiezo a Correr por Otros. Espero no aburrirlos demasiado con lo que se me va ocurriendo en el proceso. Si esto sucede, si estas entradas y mi trayectoria resultan interesantes de alguna forma, por favor no dude en donar. Una familia se lo agradecerá.

 

 

 

24 de noviembre

 

Efecto dominó

 

Este era yo hace un año. Por iniciativa de mi amigo Christian Boeger me había inscrito en la carrera 10K Unicef, que tenía como moto "Corre por ellos". En la foto aparecemos, de izquierda a derecha, el viejo Larrigton (bien amasado por sus jornadas de preparación para un Ironman que correrá pronto), mi persona (resistente a quitarme la camiseta) y Christian.

 

Esa fue fue la primera carrera que corrí en mi vida. Antes que el cansancio que sentí y las lecciones que aprendí a la hora de prepararme ("no tomarás mucha agua antes de correr o deberás parar a orinar"debería rezar uno de los mandamientos de los maratonistas) recuerdo la emoción de encontrarme entre miles de corredores que se unían a una causa. Era como estar en un concierto en el cual todos tocábamos, en el cual el gran protagonista no era el talento individual, sino el entusiasmo que creábamos en masa.

 

Hoy es el cumpleaños de Christian. Seguramente nos veremos por la noche y comeremos unas pastas para seguir con el entrenamiento mañana temprano. Le ocntaré sobre este blog y le daré la dirección para que empiece a darme feedback de lo que escribo. Gracias a él corro hoy en día. Y gracias a él asocié, desde el principio, mi entrenamiento a una buena causa.

 

 

 

El título que escogí hoy tiene que ver con el efecto contagioso que produce correr. Cuando cuentas que haces deporte de manera dedicada, especialmente cuando te mueves en un gremio de profesionales físicamente pasivo (como el de los literatos y profesores) o cuando has crecido entre amigos parranderos, que gustan de largas noche de tragos y rumba, te miran raro. Te dicen que es innecesario, que con un partido de fútbol a la semana basta (rematado de manera religiosa con unas deliciosas cervezas heladas, por supuesto), que ellos caminan hasta la oficina y que con eso se sienten mucho más sanos.

 

No me corresponde juzgar la vida de cada cual. Afortunadamente el caso de los que ven el deporte como un sacrificio no son todos. Mi esposa fue la primera en contagiarse de esta idea. Al principio se quejaba de que yo me levantaba muy temprano y que volvía a interrumpir su sagrada "power nap" (ese sueñito revitalizante que más vale hacer entre la primera despertada, cuando se paga la alarma por primera vez, y las carreras de la mañana). Ahora sale conmigo, cuando los efectos de la quimioterapia la dejan. 

 

Hace algunas semanas tuvo lugar en Bogotá la Carrera de la Mujer. La dinámica de esta también tenía un sentido como el "Corre por ellos" o Run for others, pues pretendía generar atención sobre los peligros del cáncer de seno. Solo corrieron mujeres y entre las participantes se encontraban varias de las buenas amigas de Carolina. En la foto, de izquierda a derecha, Silvia, Viviana, Carolina, Ana María y Juliana. A que no se puede decir cuál es la más bonita. Ellas también se contagiaron y, desde entonces, contemplan correr como una de sus actividades de tiempo libre.

 

 

 

Ojalá este blog tenga el mismo efecto viral que el correr. Y ahora, a trabajar. Salgo corriendo.

 

24 de noviembre

 

Correr a dos tiempos

 

Troto en el parque El Virrey en Bogotá. El circuito que sigo va de oriente a occiente, desde la autopista norte hasta la carrera novena. El parque se extiende a lado y lado de un caño que por estos días baja crecido desde las montanas y que llena el ambiente de un relajante sonido de campo. Nunca me he tomado el tiempo de saber la extensión total de mi recorrido. Me basta con saber que hago tres o cuatro vueltas al parque y que, con eso, me bastó para correr la media marathon de Austin en febrero de este año.

 

El objetivo que persigo es doblar mis esfuerzos y, por lo tanto, el entrenamiento tiene que ser mucho más estricto. Aparte de una dieta cuidadosa, rica en pastas y verduras y escasa en salsa y grasas y unos hábitos rigurosos (la fiesta desde hace unos meses rara vez incluye alcohol de alto gramaje) me esfuerzo mucho por estirar y calentar muy bien. Algunas vueltas las hago en tiempo de fortalecimiento cardiaco: trotas un minuto al 75% de tu posibilidad y 30 segundos a un paso suave. Con eso mi rutina diaria de ejercicio se extiende a hora y media, aproximadamente.

 

Prefiero salir antes de las cinco de la mañana asi el alba me sorprende entre los árboles. Me gustan los cerros que se empiezan a diferenciar de la noche llenándose de un azul oscuro y ver como, ronda tras ronda, van apreciendo la forma de las copas de los árboles, las rocas y las nubes. Me gusta el concierto de los pájaros antes de que sea opacado por el ruido de los motores. Pero lo que más me gusta de trotar a esa hora es que aún no se siente el afán de la ciudad. Sus carreras egoistas y la prisa de las avaricias.

 

A esta hora los pocos trotadores que se cruzan en el circuito se saludan entre si como vecinos de un pueblo pequeño. Quizás reconocen en el otro una sensibilidad compartida, como quien se sabe frente a otro integrante de una religión minoritaria. Aún tardarán en llegarán los grupos de sofisticados atletas que trotan con uniforme y que siguen sus pulsasiones con relojes poderosos y su posición geográfica con equipos sincronizados con satélites o los paseadores de perros que caminan (o eso tratan) con doce correas y sus respectivos caninos babeando y cagando toda la calle. Nada en contra de ninguno de los dos grupos. Simplemente los evito para disfrutar el encanto del amanecer.

 

Actualmente troto a dos tiempos: el primero busca duplicar mis fuerzas para lograr una casa para una familia en apuros y vencer la distancia por la cual a Fidípides se le estalló el corazón cuando traía noticias de la guerra. El segundo descubre todas las mañanas esa cara oculta de la ciudad que guarda sus tesoros silvestres, que conserva por unos minutos la maravilla del mundo y que nos permite ser solitarios felices en su belleza momentánea.

 

 

 

25 de noviembre

 

Al ritmo de América Latina

 

Las bondades de Facebook trajeron hasta mis oídos el nuevo disco de la Calle 13. Debo aclarar que nunca fui entusiasta de sus líricas simplonas de reguetoneros con sed de billete ni de su rebeldía de cajón, pues me creo que la pose de rebelde es lo que más más rentable que se puede asumir en estos tiempos de incertidumbre total, eso lo saben las marcas que más repuntan en el mercado. Tampoco me gustaron sus tontas liricas sexistas ni sus ganas de escandalizar viejitas con groserías y babitas. Eso si, admito que la producción es impecable y que el ingenio de su cantante y compositor para sacar rimas es másimpresionante que su desempeño en el mercado.

 

Con todo, su nuevo disco tiene sorpresas impecables: las ganas de entender a latinoamerica o, por lo menos, de plasmar un dolor que sale de los huesos y nos hace continente. La melancolía de un tempo de maraca y el agua de una guitarra que se trenzan con violines y tamboras son estos Andes ensangretados desde que perdimos la historia y el coro son todas las mujeres que resisten violaciones, secuestros, angustias de madres y de hermanas y que con todo esto siguen de pie frente a la lluvia.

 

Latinoamérica camina, pero no se sabe para donde. Seguimos siendo la verguenza del planeta por incubar con tanto éxito la desigualdad y el odio, la corrupción y el atraso en pro de sostener un pocos bolsillos. Pero también somos el sol y los colores más bellos, el entusiasmo de hacer las cosas a pesar de las circunstancias siempre adversas y poderosas. Somos desierto y mar en u sola bandera, las contradicciones más poderosas y terribles del planeta tierra.

 

Con esta canción fui a trotar esta mañana y más de una vez desaceleré el paso para volverla a poner. Empiezo mi día con el cante de Totó la Momposina entre las orejas y la alegría de ver que aún el pop me seduce sin verguenza. Aqui se las dejo, para que palpitemos juntos. El sabor ya lo tenemos. Vamos caminando (y a veces corriendo) en pro de una Latinoamérica mejor para todos. ¡Oye!

 

 

Soy,
Soy lo que dejaron,
soy toda la sobra de lo que se robaron.
Un pueblo escondido en la cima,
mi piel es de cuero por eso aguanta cualquier clima.
Soy una fábrica de humo,
mano de obra campesina para tu consumo
Frente de frio en el medio del verano,
el amor en los tiempos del cólera, mi hermano.
El sol que nace y el día que muere,
con los mejores atardeceres.
Soy el desarrollo en carne viva,
un discurso político sin saliva.
Las caras más bonitas que he conocido,
soy la fotografía de un desaparecido.
Soy la sangre dentro de tus venas,
soy un pedazo de tierra que vale la pena.
soy una canasta con frijoles ,
soy Maradona contra Inglaterra anotándote dos goles.
Soy lo que sostiene mi bandera,
la espina dorsal del planeta es mi cordillera.
Soy lo que me enseño mi padre,
el que no quiere a su patria no quiere a su madre.
Soy América latina,
un pueblo sin piernas pero que camina.

Tú no puedes comprar al viento.
Tú no puedes comprar al sol.
Tú no puedes comprar la lluvia.
Tú no puedes comprar el calor.
Tú no puedes comprar las nubes.
Tú no puedes comprar los colores.
Tú no puedes comprar mi alegría.
Tú no puedes comprar mis dolores.

Tengo los lagos, tengo los ríos.
Tengo mis dientes pa` cuando me sonrío.
La nieve que maquilla mis montañas.
Tengo el sol que me seca y la lluvia que me baña.
Un desierto embriagado con bellos de un trago de pulque.
Para cantar con los coyotes, todo lo que necesito.
Tengo mis pulmones respirando azul clarito.
La altura que sofoca.
Soy las muelas de mi boca mascando coca.
El otoño con sus hojas desmalladas.
Los versos escritos bajo la noche estrellada.
Una viña repleta de uvas.
Un cañaveral bajo el sol en cuba.
Soy el mar Caribe que vigila las casitas,
Haciendo rituales de agua bendita.
El viento que peina mi cabello.
Soy todos los santos que cuelgan de mi cuello.
El jugo de mi lucha no es artificial,
Porque el abono de mi tierra es natural.

Tú no puedes comprar al viento.
Tú no puedes comprar al sol.
Tú no puedes comprar la lluvia.
Tú no puedes comprar el calor.
Tú no puedes comprar las nubes.
Tú no puedes comprar los colores.
Tú no puedes comprar mi alegría.
Tú no puedes comprar mis dolores.

Você não pode comprar o vento
Você não pode comprar o sol
Você não pode comprar chuva
Você não pode comprar o calor
Você não pode comprar as nuvens
Você não pode comprar as cores
Você não pode comprar minha felicidade
Você não pode comprar minha tristeza

Tú no puedes comprar al sol.
Tú no puedes comprar la lluvia.
(Vamos dibujando el camino,
vamos caminando)
No puedes comprar mi vida.
MI TIERRA NO SE VENDE.

Trabajo en bruto pero con orgullo,
Aquí se comparte, lo mío es tuyo.
Este pueblo no se ahoga con marullos,
Y si se derrumba yo lo reconstruyo.
Tampoco pestañeo cuando te miro,
Para q te acuerdes de mi apellido.
La operación cóndor invadiendo mi nido,
¡Perdono pero nunca olvido!

(Vamos caminando)
Aquí se respira lucha.
(Vamos caminando)
Yo canto porque se escucha.

Aquí estamos de pie
¡Que viva Latinoamérica!

No puedes comprar mi vida.
latinoamérica: Este pueblo no se ahoga con marullos, Y si se derrumba yo lo reconstruyo. latinoamérica: Este pueblo no se ahoga con marullos, Y si se derrumba yo lo reconstruyo.